Hay ciudades que te sorprenden desde el primer paso, y Zaragoza es una de ellas. Si te preguntas qué ver en Zaragoza en un día, agárrate, porque te vamos a llevar de la mano por una ciudad que rebosa historia, arte, gastronomía y mucho encanto. Zaragoza no es solo una parada entre Madrid y Barcelona: es un destino con alma, carácter y muchas sorpresas escondidas entre sus callejuelas.

Zaragoza
¿Sabías qué…?

Zaragoza es la ciudad donde se guarda la primera cámara de cine que llegó a España. Fue un regalo directo de los hermanos Lumière al zaragozano Eduardo Jimeno, que filmó en 1897 la salida de misa de doce de la Basílica del Pilar. ¡Vamos, que Zaragoza también fue pionera en eso del cine!

Zaragoza es una ciudad que ha sabido vivir muchas vidas. Desde su fundación como Caesaraugusta en honor al emperador Augusto, ha sido romana, musulmana, medieval y moderna, y eso se nota en cada rincón. Aquí conviven las ruinas de teatros romanos con iglesias mudéjares y palacios renacentistas como si fuera lo más normal del mundo.

Zaragoza es de esas ciudades que no necesitan alardear para enamorarte. Tiene ese no sé qué que hace que un simple paseo se convierta en una historia que querrás contar. Zaragoza no se visita, se siente. Y cuando te vas, lo haces con la certeza de que volverás. Porque sí, porque engancha. Porque es fetén.

¿Preparado para un viaje exprés a esta histórica ciudad? Pues venga, que Zaragoza nos espera con los brazos abiertos.

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Zaragoza está a tiro de piedra desde Madrid o Barcelona gracias al AVE, que te planta en la estación de Delicias en apenas hora y media. Si prefieres el coche, la A-2 te lleva directo, y el camino se hace corto con buena música o algún pódcast sobre la historia de Aragón. Para los que llegáis en bus, la estación está bien conectada con el centro mediante líneas de autobús urbano y tranvía.

Tranvía de Zaragoza

Una vez llegues, moverse es sencillo. El centro es perfectamente caminable, y para distancias un poco más largas, el tranvía es puntual, limpio y cómodo. Si eres de los que se animan con la bici, Zaragoza cuenta con un servicio de alquiler y carriles bien cuidados.

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Empieza la jornada en el corazón palpitante de Zaragoza: la Basílica del Pilar. Este templo majestuoso, a orillas del Ebro, no solo es uno de los más importantes de España, sino también un emblema del alma zaragozana.

¿Sabías qué…?

En la fachada hay proyectiles incrustados de la Guerra Civil, que nunca llegaron a explotar. Se conservan como testigo mudo de la historia reciente, y como símbolo de resistencia y fe.

Su imponente estructura barroca, con influencias neoclásicas, destaca por sus once cúpulas cubiertas de brillantes tejas vidriadas y sus cuatro esbeltas torres.

La basílica fue construida entre los siglos XVII y XVIII, aunque se asienta sobre un templo anterior y se dice que en este lugar se apareció la Virgen a Santiago Apóstol.

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Vista de uno de los frescos de Goya de la Basílica del Pilar

Dentro, los frescos de Goya te harán levantar la mirada más de una vez, sobre todo en la cúpula Regina Martyrum, donde el genio aragonés dejó su firma inmortal. No te olvides de pasar por la Santa Capilla, donde se encuentra la imagen de la Virgen del Pilar sobre su columna de jaspe, que según la tradición no se ha movido del lugar desde el año 40 d.C.

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Fuente de la Hispanidad

La Plaza del Pilar siempre tiene vida, desde mercados hasta conciertos, pasando por espectáculos callejeros. Una parada obligatoria, sin duda. Es uno de esos lugares donde siempre pasa algo, y donde el pulso de la ciudad se siente con fuerza.

Esta gran explanada peatonal, una de las más amplias de Europa, fue concebida en su forma actual a mediados del siglo XX, aunque el lugar ha sido centro neurálgico de la ciudad desde tiempos romanos.

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Eva jugando con el Globo terráqueo

En la plaza conviven armoniosamente la monumentalidad de la Basílica del Pilar con la majestuosidad de La Seo, y entre ambas se alza la fuente de la Hispanidad, con una curiosa forma que representa el mapa de América Latina. Justo al lado, un enorme globo terráqueo metálico se ha convertido en punto de encuentro para locales y turistas.

💡 Consejo fetén: No te vayas de la zona sin visitar el Pasaje El Ciclón, una galería comercial y residencial que recibe su nombre de una antigua juguetería, que ocupaba un lugar destacado en su interior. En los días de más calor, es un lugar ideal para tomar algo bajo una buena sombra.

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Vista de las Galerías El Ciclón

Muy cerca de la Plaza del Pilar, casi tocando los restos de la antigua muralla romana, se alza una iglesia con mucha historia a sus espaldas. Se cree que aquí mismo pudo haber un bastión defensivo en los primeros tiempos de Caesaraugusta.

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La iglesia que vemos hoy es del siglo XVIII, construida en 1725 sobre otra más antigua, de época medieval.

Pero lo que más llama la atención es su torre: octogonal, de ladrillo, del siglo XVI… y con una inclinación muy curiosa que no pasa desapercibida.

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Justo al lado de la Basílica del Pilar, como si no quisiera quedarse atrás, se alza La Seo, o Catedral del Salvador. Menos conocida que El Pilar, pero para muchos, incluso más hermosa. Su retablo mayor es una obra de arte que te deja sin palabras, y su museo de tapices es uno de los más importantes del mundo. La fachada mezcla estilos como si fuera un resumen de la historia de Zaragoza: románico, gótico, mudéjar y barroco conviviendo en armonía.

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Desde la misma plaza, camina unos minutos hasta el Puente de Piedra, que te regalará una de las mejores vistas de la ciudad con la Basílica de fondo.

Cruzarlo es casi obligatorio. Al otro lado te esperan lugares como el Balcón de San Lázaro, lugar indispensable que hay que visitar para poder contemplar la mejor panorámica de la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Un rincón fetén para recargar pilas.

Entre caña y caña, no olvides que Zaragoza también es romana. Zaragoza, en tiempos del Imperio Romano, fue conocida como Caesaraugusta, una ciudad fundada por el propio emperador Augusto hacia el año 14 a.C. Fue una de las pocas colonias romanas que llevó su nombre completo, lo que da idea de la importancia estratégica y simbólica que tuvo en su momento. Hoy día, la ciudad conserva varios vestigios fascinantes de aquella época gloriosa, que se pueden visitar y disfrutar.

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Teatro de Caesaraugusta

Uno de los restos más visibles es la Muralla Romana, con tramos bien conservados junto al Mercado Central y la Avenida César Augusto. Estas antiguas defensas marcan lo que fue el perímetro de la Caesaraugusta original.

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Restos de la muralla romana

El Museo del Foro de Caesaraugusta, bajo la Plaza de la Seo, muestra parte del corazón político y comercial de la antigua ciudad romana, con restos del foro, el mercado y el sistema de alcantarillado.

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Entrada al Museo del Foro de Caesaraugusta

El Museo del Puerto Fluvial, muy cerca, revela la importancia del Ebro como eje comercial en tiempos romanos, con restos de muelles y almacenes.

El Teatro de Caesaraugusta, en pleno centro histórico, conserva una parte significativa de su estructura original y recuerda los grandes espectáculos que albergó en el siglo I.

💡 Consejo fetén: Si no tienes tiempo a visitar el Teatro romano, pero aún así quieres ver sus restos, te recomendamos llegar hasta el mirador que hay en la calle Gabriel Zaporta.

Todos estos lugares forman parte de la Ruta de Caesaraugusta, un recorrido único que te conecta directamente con el pasado romano de Zaragoza.

El Casco Viejo es una delicia para los sentidos. Calles como Alfonso I te llevan directo al corazón comercial, pero si te desvías un poco, descubrirás tabernas con alma, tiendas de toda la vida y mucho arte urbano. La zona del Tubo es puro espectáculo: de día y de noche, con su trajín de gente, olores a cocina y esas callejuelas.

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Fachada principal del Mercado Central

Pero no todo es tapeo: en estas calles también hay joyas escondidas que bien merecen una visita. La Iglesia de Santa Isabel de Portugal, conocida como San Cayetano, destaca por su elegante fachada barroca. Muy cerca, el Mercado Central, con su estructura modernista de hierro y vidrio, invita a saborear Zaragoza con los cinco sentidos.

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Iglesia de Santa Isabel de Portugal

La Plaza de San Felipe ofrece un respiro tranquilo, ideal para sentarse y observar la vida pasar, y la coqueta Plaza de Santa Marta es perfecta para perderse un rato. Si te gusta fijarte en los detalles, no te pierdas la Farmacia Claver, una de las más antiguas, de la ciudad, con más de 150 años de historia.

Y si quieres descubrir uno de los rincones con más encanto y fotogenia del casco histórico, asómate al Arco del Deán. Este paso elevado del siglo XIII, que une la catedral con el antiguo palacio del Deán, es una joya del gótico civil que te transporta a otra época.

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Arco del Dean

Casi saliendo del casco viejo, no dejes de pasar por el Palacio de los Condes de Morata, también conocido como Palacio de Luna, un elegante edificio renacentista con portada plateresca que ahora acoge el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.

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Palacio de los Condes de Morata

A escasos minutos de paseo desde el centro, en pleno Paseo de la Independencia, se encuentra la Basílica de Santa Engracia, uno de los templos más bellos y menos conocidos de Zaragoza.

Su fachada renacentista del siglo XVI es una auténtica joya, considerada una de las mejores de ese estilo en Aragón, y su interior sorprende con una mezcla de sobriedad y elegancia. Esta iglesia fue construida sobre una antigua necrópolis paleocristiana, y en su cripta aún se conservan los restos de los mártires de Zaragoza, entre ellos, Santa Engracia, cuya historia se remonta a la época romana.

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¿Sabías qué…?

Fue declarada Basílica Menor por el Papa Pío XII en 1956, y durante la Guerra de la Independencia quedó prácticamente destruida, salvándose milagrosamente su fachada principal.

Hoy en día, la basílica es un rincón tranquilo y solemne que guarda siglos de historia bajo su suelo y que nosotros creemos que merece mucho la pena incluirlo en la ruta.

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Calle de la Libertad, en El Tubo de Zaragoza

Zaragoza es una fiesta para el paladar. La parada obligatoria es El Tubo, y nosotros no nos salimos de ahí. Ese entramado de callejuelas donde las tapas mandan, es un lugar ideal para el tapeo.

Prueba el champiñón al ajillo del Bar El Champi, las croquetas de Doña Casta, el ternasco en La Republicana, un bocatita de chipirón con ali-oli de ajo negro o las bravas en El 7 Golpes. Todo regado con un vino de la tierra, una caña bien tirada o un vermut con sifón.

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Champiñones al ajillo de El Champi
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Patatas bravas del 7 Golpes

Para los más foodies, Zaragoza cuenta con varios mercados gastronómicos como el Mercado Central o el espacio Puerta Cinegia, donde puedes probar diferentes cocinas en un solo lugar. Una opción ideal si viajas en grupo y cada uno quiere algo distinto.

Para que no te pierdas nada de este recorrido fetén, te recomendamos consultar este mapa:

En él están marcados todos los lugares que hemos visitado, desde la Basílica del Pilar hasta el Tubo, pasando por iglesias, mercados, plazas y callejuelas llenas de encanto.

Un día en Zaragoza da para mucho. Es historia viva, es sabor, es arte callejero y monumental. Es esa ciudad que no esperabas y que te atrapa sin darte cuenta. No te lo pienses más, esta escapada es de las que recordarás para siempre. Zaragoza te abraza, te enseña, te invita a volver.

Cuéntanos en los comentarios, qué parte de Zaragoza te ha robado el corazón o qué rincón del mundo te gustaría descubrir en tu próxima aventura. ¡Viajando fetén siempre se disfruta el doble!

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Si estás pensando en visitar este destino, te dejamos por aquí un enlace a Civitatis, donde encontrarás un montón de excursiones, visitas guiadas y actividades para hacer en Zaragoza.

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¡Gracias por apoyarnos y por ser parte de esta aventura viajando fetén!

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